Ronny Oliveira es un pastor usado poderosamente en el área profética, que dirige junto con su esposa Glaucia el ministerio Nueva Alianza en la ciudad de Santiago del Estero en Argentina. Ha llegado a más de 50 países en África, Asia, Europa y América y es un ministro reconocido por la Iglesia Central en Brasil, por el Estado de California en Estados Unidos y por la ONU.

Pero, aunque todo se escuche muy bonito, no tuvo un inicio muy fácil. Su niñez fue un tanto complicada. Su abuela no tenía hogar y se crió bajo un puente, lugar donde conoció a su abuelo. Su madre lo tuvo a los 14 años y, por ser tan joven, no lo podía cuidar. Entonces lo puso a cargo de su abuela. Además, no conoció a su papá hasta hace tres años atrás. Ronny creció en las calles de Brasil lejos de un padre y de una madre, con una niñez muy marcada por la soledad y el abandono. Además, él mismo tenía que laborar y buscar la forma de alimentarse. Salía a las favelas de Brasil para buscar alimentos y cuando no encontraba se veía en la necesidad de lavar carros o de juntar carbón y botellas para vender en las calles. Todo esto lo llevó a su primer intento de suicidio a los ocho años. Luego volvió a intentarlo a los diez años y a las doce.

“Los niños a esa edad piensan en jugar, pero yo pensaba en que ya no quería vivir. Así fue mi niñez, no tenía muchos juguetes ni regalos. Pero considero que logré sobrevivir”, comenta Ronny.

Alrededor de los doce y catorce años de edad iba a los colegios y no tenía un tío o un hermano mayor que lo protegiera. Entonces, cuando había peleas en la calle, al que le pegaban era a él. Él necesitaba a alguien que lo defendiera, que lo cuidara. Y fue así como a los 16 años conoció a Cristo.

Esto sucedió en una campaña llamada Jesús Vida Verão (Jesús vida en el verano) llevada a cabo en una playa en Brasil. Él creyó que iba a encontrar a Dios en una iglesia o en un recital, pero jamás creyó que pudiera ser en una playa. Sin embargo, fue ahí donde recibió a Jesús y dónde él dice que en realidad comenzó a vivir. 

Fue a partir de ese año que todo comenzó a cambiar. Conoció a su madre y a sus hermanos. Se comprometió y se casó con su esposa Glaucia. A los 20 años se fue a Argentina donde comenzó a fundar la iglesia, y a los 22 regresó a Brasil para predicar por primera vez a 40,000 personas que se congregaban en el mismo lugar en el que él había recibido a Cristo. Los años siguientes tuvo a sus tres hijos, conoció a su papá en la cárcel y comenzó a salir a las naciones. A los 29 ya había viajado por más de 50 países por varios continentes para predicar.

“Hoy a los 33años, puedo contar mi historia sin derramar ninguna lágrima, porque las cicatrices no duelen, solo las heridas. Ya no duele porque estoy sano, y esta sanidad es producida por Dios.  Yo entendí a corta edad que en la vida no hay que buscar culpables, hay que vencer los desafíos, hay que superar los obstáculos. Buscar culpables es perder tiempo, es tener a alguien a quien señalar. Yo no quiero señalar, yo quiero usar lo que yo pasé para bien. Hay un versículo que dice ‘Todas las cosas funcionan para bien para los que aman a Dios.’

“Todas las cosas son lo bueno y lo malo. Entonces cuando nosotros aprendemos a convertir lo malo en algo bueno, esto nos ayuda para bien. Cuando yo me paro en una plataforma para hablar de Dios me baso en eso, no en el Dios que hablan en la biblia, sino el Dios que me cambió la vida.”

El don profético es la gracia y la habilidad de poder escuchar a Dios y hablar de lo que Dios habla, de lo que siente y lo que ve. Es tener la gracia y habilidad de man-tener una relación con Dios donde yo le puedo hablar y lo puedo escuchar.”

 

 

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