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En el mundo que nos rodea, es común encontrar personas que utilizan un léxico inapropiado para conversar, para dirigirse a otros o simplemente para opinar. Ellos lo ven adecuado porque no conocen otra forma de expresarse, porque su medio siempre ha sido ese, o, como la mayoría, no saben lo que Dios dice al respecto, como consta en Efesios 4.29: “No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan”, (NTV).

Como seguidores de Cristo, debemos tener en cuenta lo que está escrito en la Biblia, para no cometer errores al hablar. 1 de Pedro 3.10 dice que “los que de todo corazón deseen vivir y ser felices, deben cuidarse de no mentir y de no hablar mal de otros”, (TLA).

“Lo que tu confiesas es lo que tu posees; si es una confesión negativa, los resultados serán negativos. Si es una confesión positiva, los resultados estarán bajo la protección de Dios”, es el consejo que nos da el predicador estadounidense, Don Gosset, en su libro, Lo que dices recibes.

Muchas personas al despertar, al levantarse de su descanso a un nuevo día, empiezan con quejas, dolores, reclamos, y así se manifiesta su día. Otras personas, por encima de las circunstancias climáticas o personales, alaban a Dios, agradeciéndole la nueva oportunidad de vivir, y él respalda esas palabras. El Salmo 118.24 expresa: “Hagamos fiesta en este día, porque un día como éste Dios actuó en nuestro favor”, (TLA).

¿Sabía usted que a menudo nos convertimos en nuestro propio problema? ¡Sí!, es algo sorprendente y triste, pero real. Cuando hay dificultades financieras y nos dejamos afectar por ellas, no podemos olvidar lo que la palabra de Dios nos enseña en Filipenses 4.19, o cuando llega el desánimo, debemos recordar Romanos 8.37, y si llega la enfermedad, no debemos dejar de confesar 1 de Pedro 2.24 e Isaías 53.5. ¡La palabra de Dios es nuestra luz, por lo cual debemos conocerla, declararla y vivirla!

El Pastor César Castellanos nos enseña a través de su libro, Conociendo la verdad, que “para el Señor no es difícil sanar a los enfermos, liberar a los oprimidos por el adversario, suplir las necesidades de sus hijos, etc. El Señor nos reveló que si creemos en El, haremos las mismas cosas y aún mayores; moveremos la esfera angelical. Todo lo que salga de sus labios debe ser palabra de vida. Lo que usted hable debe edificar, motivar y consolar. Nunca pronuncie palabras que destruyan, desalienten o aflijan. Su boca es la boca de Jesús…Muévase en la misma dimensión de fe en la cual se movió el Señor Jesús”.

Definitivamente, sin importar la edad que tengamos, ¡ha llegado el momento de aprender a hablar!

Por: Fabiola Pachón.

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