“Amo jugar al fútbol”, dice Kaká, un apodo que tiene desde que era niño, ya que su hermano menor no era capaz de pronunciar su nombre, Ricardo. Kaká fue campeón del mundo con la selección de Brasil en el año 2002, y al respecto, dice que jugar fútbol es un don que Dios le dio. “Yo decidí que quería ser jugador a los quince años. Entonces sabía de las dificultades que encontraría, porque son miles los jóvenes que quieren convertirse en jugadores profesionales. Yo lo intenté para ver qué podía pasar”.

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